Desde que explotó la burbuja japonesa a principios de la década de 1990 son cada vez más los japoneses que no pueden permitirse pagar el alquiler de un piso en grandes ciudades.

Muchos que perdieron el trabajo terminaron viviendo en las calles, pero otros decidieron que una forma barata de tener cobijo cada día era pasando las noches en una cabina dentro de un Manga Kissa. Los propietarios de estos cibercafés se dieron cuenta de esta tendencia e introdujeron tarifas baratas como por ejemplo "8 horas por 10 euros".

La tendencia se vio acentuada aun más cuando algunas de las cadenas de Manga Kissa más importantes del país pusieron servicio de duchas. Cada vez es más la gente que no tiene casa y vive en estos recintos nacidos para el ocio digital. Son trabajadores temporales que cobran poco y apenas se pueden permitir gastar entre 300 y 400 euros al mes en un alojamiento. Son cibernómadas, producto de la crisis económica japonesa de la que después de casi 20 años, Japón todavía no se ha recuperado y, además, va empalmando unas con otras.

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